sábado, 6 de noviembre de 2010

#Capítulo 9

Primer pub, primera copa, primera historia.
-Se tuvo que ir. Me prometió volver pero, en cambio, nunca más lo volví a ver.
-¿De quién me hablas?
-De Carlos. ¿No querías saber la larga historia?
-Sí, perdona. Bueno, sigue, ya no te interrumpo más. ¿Por qué se fue?
-Jamás me lo dijo. Se fue de repente, sin dar explicaciones.
-¿A dónde?
-Tampoco lo supe.
-¿Cuándo fue eso?
-Pues me fui de aquí un viernes por la mañana y por la tarde quedé con él. Lo noté distinto pero no le di importancia alguna. Pensé que era simplemente por no habernos visto en mucho tiempo.
-¿Distinto en qué sentido?
-No sé, simplemente distinto. Estuvo toda la tarde con la mirada perdida mientras yo le hablaba, porque él no dijo absolutamente nada. De repente, si escuchaba un ruido, miraba a todas partes, como si tuviese miedo de que alguien estuviese siguiéndonos. Pero, para mí, lo más extraño fue cuando me tenía que ir ya a mi casa. Ese día no me dio un beso, sino un abrazo. Pero en ese abrazo sentí que me quería decir algo. Me pareció que quería retenerme, que no quería dejarme marchar. Algo preocupada le miré a los ojos, intentando averiguar en ellos lo que sus labios no me decían, porque no hablaban. Pero todo lo que pude entender de ellos fue que tenía miedo. Cuando le pregunté si había algo que le inquietase noté en él una nota de pánico y negó con la cabeza. A continuación, desapareció en la oscuridad de la noche. Vi como se encendieron los faros de su moto, aparcada en la puerta de mi casa, y se escabulló en la oscuridad difuminándose con el horizonte.
-¿Y después?
-Después, cuando llegué a mi casa, encontré un pequeño sobre que me había metido en el bolsillo de la chaqueta mientras me abrazaba. Dentro estaba una nota y una pulsera.
Rebuscó en su bolso, sacó la cartera y de ella sacó un papel arrugado.

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